Cada día, miles de personas se suben a teleféricos, metros y ferrocarriles sin pensar en las fallas invisibles. Grietas internas en cables, corrosión en estructuras de soporte, deformaciones que el ojo no detecta. La magnetografía existe para eso: encontrar lo que no se ve antes de que se convierta en una crisis. Es el guardián silencioso de la seguridad.




